¿Qué tema estas buscando?
06 Enero
0 Comentarios

La tauromaquia (del idioma griego ταῦρος, toro, y μάχομαι, luchar) se refiere a todo lo relativo a la práctica de lidiar toros, tanto a pie como a caballo, y se remonta a la Edad de Bronce. Su expresión más moderna y elaborada es la corrida de toros, un espectáculo que nació en España en el siglo XII y que se practica además en Portugal, sur de Francia y en diversos países de Hispanoamérica, como México, Colombia, Perú, Venezuela, Ecuador, Panamá y Bolivia. Es además espectáculo de exhibición en China, Filipinas, Estados Unidos y Cuba. Las corridas de toros han despertado vivas polémicas desde sus mismos inicios entre partidarios y detractores.

En sentido amplio, la tauromaquia incluye además todo el desarrollo previo al espectáculo como tal, desde la cría del toro a la confección de la vestimenta de los intervienentes, además del diseño y publicación de carteles y otras manifestaciones artísticas o de carácter publicitario, que varían de acuerdo a los países y regiones donde la tauromaquia es parte de la cultura nacional.

Esta actividad tiene antecedentes que se remontan a la Edad de Bronce, y se ha desarrollado a lo largo de siglos como una forma de demostración de valentía, al estilo de algunas tribus que aún practican ritos de paso de la niñez a la edad adulta.

En la antigua Roma se presentaban espectáculos con Uros (especie bovina extinta) que eran arrojados a la arena del circo para su captura y muerte por parte de algunos representantes de familias nobles, quienes mostraban así sus dotes de cazadores. Además se arrojaban en manadas a los cristianos mientras las ejecuciones públicas efectuadas en la época de la persecución; y además, se usaba a estos animales mientras los enfrentamientos de gladiadores como entretenimiento adicional.

En época medieval comienza la práctica taurina del lanceo de toros, a la que se sabe eran aficionados Carlomagno y Alfonso X El Sabio, entre otros. Hay registros de la afición por esta práctica que El Cid tenía. Según crónica de la época, en 1128 “…en que casó Alfonso VII en Saldaña con Doña Berenguela la chica, hija del Conde de Barcelona, entre otras funciones, hubo además fiestas de toros.”[1] [2] Estos espectáculos se presentaban en plazas públicas y lugares abiertos como parte de celebraciones de victorias bélicas, patronímicos y fiestas, con el consecuente riesgo que esto suponía para los espectadores (Goya ha retratado una de estas tragedias en su obra sobre la muerte del alcalde de Torrejón, arrollado y corneado por un toro).

Los primeros tratadistas dieron por buena una opinancia popular y pensaron que los moros de España fueron los primeros en utilizar sus capas como instrumento de distracción mientras la práctica de alancear a las reses. No obstante, esta opinión no cuenta hoy día con respaldo académico. Mientras el siglo XVI evoluciona la tauromaquia hacia los encierros de varas (predecesora de las actuales corridas de rejones), en los que intervenía la realeza; incluso Carlos I de Inglaterra y su lugarteniente Lord Buckingham interveniron en este acontecimiento mientras su estancia en España, tan a su gusto que repitieron luego la experiencia en su país, invitando a los embajadores de los reinos de Francia y España. Carlos I de España (no nacido en este país) lanceó un toro en la celebración del nacimiento de su hijo Felipe II.

Mientras esta época la nobleza comienza a utilizar a sus peones y escuderos para distraer al toro entretanto cambiaban algún caballo cansado o herido, o para salvarlos de una caída. Con la aparición de los picadores en sustitución de las lanzas, para dar a los nobles, a lomo de caballo, el privilegio de asesinar al toro, estos peones y auxiliares adquieren la responsabilidad de llevar al toro al picador, con lo que evoluciona la faena de capote y adquiere valor estético. En muchas ocasiones, si el de a caballo no podía asesinar al toro, se delegaba la responsabilidad en los de a pie.

A partir del siglo XVII comienzan a surgir nombres entre los toreros de a pie, por su estilo y valor, además de la simpatía que a estos se les tenía por ser parte del mismo pueblo y no de la nobleza, siendo solicitados por el público para presentarse como acontecimiento principal.

Paulatinamente, el gusto del público se inclina por los toreros de a pie, y, si bien con extrañas variaciones, se van estableciendo a lo largo del siglo XVIII todos los elementos de las corridas modernas. De esta época son algunas de las primeras figuras conocidas del toreo, como “Costillares”, Pepe-Hillo y Pedro Romero.

Ya en el siglo XIX, toreros como “Paquiro”, “Cúchares”, “Lagartijo” y “Frascuelo”, fueron quienes dieron a la corrida la estructura definitiva que tiene hasta la actualidad.

En la década de 1910 a 1920 se desarrolla la llamada Época Dorada de la tauromaquia, protagonizada por la rivalidad profesional entre Juan Belmonte y José Gómez (conocido como “Gallito” o “Joselito”), que inauguraron el camino hacia el toreo moderno.

Después a la Guerra Civil Española se produce un auge en el mundo taurino, especialmente gracias al surgimiento de la figura de Manolete, para muchos el más vertical de los toreros en la historia; a este auge siguen figuras como Luis Miguel Dominguín, el mexicano Carlos Arruza, Pepe Luis Vázquez y Agustín Parra, “Parrita”. Si bien esta época se cierra con el fallecimiento de Manolete en la llamada Tragedia de Linares, nace así pues otra famosa rivalidad que apasiona al mundo taurino, la de Dominguín y Antonio Ordóñez.

Ya en los años cincuenta se alza la figura de particular elegancia del venezolano César Girón, quien lidera en dos ocasiones, (1954 y 1956), el escalafón taurino en España, hazaña que repetiría su hermano Curro en 1959 y 1961. Destacan en los años sesenta, además del mencionado Curro Girón, toreros como Paco Camino, El Viti y Diego Puerta, además de la sensación que provocó el surgimiento del poco ortodoxo y revolucionario, pero muy triunfador, Manuel Benítez, “El Cordobés”. Las décadas de los setenta y ochenta son las de mayor expansión comercial del mundo de los toros, llegando a haber corrida incluso en el Astrodome de Houston, con la intervieneción de El Cordobés. Las grandes figuras de esta época son: José Mari Manzanares, Pedro Gutiérrez Moya “El Niño de la Capea”, Dámaso González, Francisco Rivera “Paquirri”, El Yiyo, Antoñete y Juan Antonio Ruiz “Espartaco”, líder de la estadística en forma consecutiva desde 1985 hasta 1991.

Las nuevas figuras del toreo presentan gran diversidad en su estilo y proyección; personalidades tan particulares como Enrique Ponce —de toreo clásico—, Jesulín de Ubrique, Julián López “El Juli”, José Tomás, “El Cid”, Francisco Rivera Ordóñez, Cayetano Rivera Ordóñez, Leonardo Benítez, Javier Conde y el francés Sebastián Castella , son quienes han llevado el toreo al siglo XXI.

Por años la Iglesia Católica ha proscrito la corrida de toros. El papa Pío V (1566-1572) expidió cartas papales amenazando a los toreros con la excomunión y la negación de un entierro cristiano. Otros papas apoyaron esta posición hasta que Clemente VIII (1592-1605), retiró las excomuniones anteriores, pero, al mismo tiempo, estipuló que las corridas de toros en España no habrían de celebrarse en los días de fiesta. No obstante, las corridas de toro se convirtieron en la práctica corriente para celebrar acontecimientos y festividades religiosas. Ilustran esto los próximos comentarios que se hallan en la Encyclopedia Universal Ilustrada:

“Con corridas de toros se celebraban luego las traslaciones del Santísimo Sacramento de uno a otro altar; de las reliquias o imágenes de santos; conmemoraciones de patronos de ciudades y pueblos; edificación de iglesias; canonizaciones y otras muchas fiestas religiosas. Más de 200 toros, en unas 30 corridas, sacrificaron alegremente con motivo de la canonización de santa Teresa de Jesús. Se corrieron toros dentro de la Catedral de Palencia; las carnes de los lidiados en honor de los santos se guardaban como reliquias y para remedios; los cabildos eclesiásticos organizaron y costeaban corridas . . . En Tudela, la mañana del día de la corrida llevaban a un capuchino a fin de que los conjurase para que fuesen bravos.”

Los toreros tienen la tendencia a ser religiosos; pero, como lo reconocen algunos, lo son de modo supersticioso. Uno describió que cada plaza de toros tiene su propia capilla privada donde los toreros pueden ir a orar antes de enfrentarse a los toros. De hecho, muchos de los toreros llevan consigo en sus viajes una especie de altar portátil que se puede armar en la habitación de un hotel para orar antes de salir para la plaza.



  • Post2PDF
AUTOR: Manuel Sanchez
ESTADISTICAS DE LA ENTRADA: 2393 visitas recibidas.
No existen comentarios

Deja tu comentario

Reglas en Comentarios

Evita utilizar mensajes ofensivos, promocionales o que no guarden relación con la entrada. Trata de escribir correctamente. Eres libres de expresar toda opinión siempre que no ofendas a terceros. Si tu mensaje incluye fragmentos de publicidad o spam así como referencias en Internet pasará a moderación pendiente de aprobación.

Tu Mensaje

Deportismo.net Blog informativo para forofos del deporte en general. Reunimos información sobre fútbol, ciclismo, fórmula 1, baloncesto y otros.
Si te suscribes a nuestro boletin de noticias podrás recibir cómodamente las noticias de interés en tu email personal. Y todo esto gratis.
Suscribirse